01Una herencia convertida en identidad
Nora no sólo había desarrollado productos de belleza: había heredado de su abuela Irene una forma de comprender las plantas y sus beneficios. El trabajo consistió en traducir esa memoria en una marca que hablara de bienestar, naturaleza y ritual sin perder claridad comercial.
02El colibrí como mensajero
El colibrí une la ligereza de la naturaleza con una lectura prehispánica: mensajero, vínculo con los ancestros y símbolo de transformación. Su color inspiró una paleta donde turquesa, morado, verde y gris lila expresan serenidad, cambio, esperanza y conexión con la tierra.
03Del concepto al envase
La filosofía de la marca se extendió al sistema de packaging y a sus aplicaciones. Cada pieza debía sentirse como parte de un mismo ritual de cuidado: amable, natural, memorable y preparado para acompañar una familia creciente de productos.